viernes, 27 de septiembre de 2013

Claves De Personalidad: El Seductor Libertino



Claves De Personalidad: El Seductor Libertino

En principio podría parecer extraño que un hombre visiblemente deshonesto, infiel y sin interés en el matrimonio atraiga a una mujer. Pero a lo largo de la historia, y en todas las culturas, este tipo ha tenido un efecto implacable.

El libertino ofrece lo que la sociedad no permite normalmente a las mujeres: una aventura de placer absoluto, un excitante roce con el peligro. Una mujer suele sentirse agobiada por el papel que se espera de ella. Se supone que debe ser una delicada fuerza civilizadora de la sociedad, y anhelar compromiso y lealtad de por vida.

Pero, a menudo, su matrimonio y relaciones no le brindan romance ni devoción, sino rutina y una pareja invariablemente distraída. Es por eso que persiste la fantasía femenina de un hombre capaz de entregarse por entero, un hombre que viva para la mujer, así sea sólo un instante. Este reprimido lado oscuro del deseo femenino halló expresión en la leyenda de Don Juan.

Al principio, esta leyenda fue una fantasía masculina, el caballero audaz que podía tener todas las mujeres que quisiera. Pero en los siglos XVII y XVIII, Don Juan transitó lentamente del aventurero masculino a una versión más feminizada: un hombre que sólo vivía para las mujeres.

Esta evolución fue producto del interés de las mujeres en ese argumento, y resultado de sus deseos frustrados. El matrimonio era para ellas una forma de servidumbre por contrato, pero Don Juan ofrecía placer por el placer mismo, un deseo sin condiciones. Cuando una mujer se cruzaba en su camino, él no pensaba más que en ella.

Su deseo era tan fuerte que ella no tenía tiempo de pensar ni preocuparse por las consecuencias. Él llegaba de noche, concedía un momento inolvidable y desaparecía. Quizá para entonces ya había conquistado a miles de mujeres, pero eso no hacía sino volverlo más interesante; el abandono era mejor que no ser deseada por un hombre así.

Los grandes seductores no ofrecen los apacibles placeres que la sociedad aprueba. Tocan el inconsciente de una persona, los deseos reprimidos que claman por ser liberados. No creas que las mujeres son las criaturas frágiles que a algunos les gustaría que fueran.

Como a los hombres, también a ellas les atrae enormemente lo prohibido, lo peligroso, incluso lo un tanto perverso. (Don Juan termina yéndose al infierno, y la palabra “raice” [libertino, en inglés] se deriva de “rakehell”, el hombre que rastrilla el carbón en el infierno; el componente diabólico es parte importante de esta fantasía)

Recuerda siempre: Para actuar como libertino, debes transmitir una sensación de oscuridad y riesgo, con objeto de sugerir a tu víctima que participa de algo raro y estremecedor, una oportunidad para satisfacer sus propios deseos lascivos.


Para actuar como libertino, el requisito más obvio es la capacidad de soltarte, de atraer a una mujer al periodo puramente sexual en que pasado y futuro pierden sentido. Debes poder abandonarte al momento.

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